El odio en bragas culturales

Doña Carmen Calvo, que cada día que pasa se le matiza más la expresión de odio permanente, culturalmente está en bragas, como hace al hablar con sus compañeros de Gobierno, subalternos y asesores todas las mañanas, según confesión propia. Es la dueña de la cursilería semántica. He leído un divertido mensaje de Fernando Sánchez Dragó, recordando un comentario carcelero: "En 1963, estando yo en la cárcel, hubo una oleada de frío siberiano, y un compañero de fatigas revolucionarias, que tiraba a cursi, dijo: "Sopla un céfiro que eriza el cutis". Y un preso común, al oírlo exclamó: "Lo que hace es un frío que pela los cojones".  Una nueva rica de los años sesenta, encuadernó toda su biblioteca, de la cual no había leído ni un solo libro, con pieles de todos los colores. Parecía un anuncio de Kodak. Y presumía de ello. "Tengo una biblioteca multicolor de muchísimos colores".

A la amargada egabrense, le salen con fluidez las cursilerías semánticas, como si fuera Irene Montero, catedrática de la cosa. Y en un breve párrafo se ha equivocado en dos ocasiones. Inventando que Simón es Doctor, cuando no lo es, y creando una voz, un palabro espeluznante, Expertitud.  Con lo sencillo que es hablar sencillamente, con corrección y sin pretensiones. Una noche, en casa de Juliana y Joaquín Calvo-Sotelo, se hallaba Antonio Gala en una tarde-noche de acusada impertinencia. Entre los invitados, Fernando Díaz Plaja y su mujer uruguaya Aidée con la que aún no había matrimoniado. Y Aidée, orgullosa de Fernando, le formuló a Gala una pregunta  peligrosísima. –Antonio, ¿no te parece que Fernando mi marido es el escritor más guapo de España?-. Gala apoyó su mentón en  la empuñadura de su bastón, que perteneció a Chateaubriand, y con esos ojillos que cerraba cuando iba a soltar una perversidad brillante le respondió: "Aidée, mona, es muy difícil equivocarse tanto en una pregunta tan corta. Porque Fernando no es guapo, sino cursi, no es escritor y no es tu marido". Aidée no se enfadó, Fernando lo aceptó con enorme sentido del humor y Antonio Gala saboreó su inteligente maldad, hasta que Fernando, muy sonriente le replicó: "Déjate de Medinas Azaharas y escribe de una puta vez algo interesante". Tenía derecho para hablar así.

En los "Extremeños se Tocan" de mi señor abuelo, Don Pedro Muñoz-Seca, autor de la primera comedia musical sin música, porque los músicos no se presentaron al estreno, una marquesa de nuevo cuño, bastante cursi, recita un cantable de esta manera. "Soy la Marquesa de Fuente Fría/ soy española, soy de Almería/ soy lo más alto de la elegancia/ me calzo en Londres, me visto en Francia/ me hago las manos en" Madam" Nick/ y tengo un Bentley, un Nash, y un Buick".  Carmen Calvo supera con creces a la marquesa de Fuentefría, a los cisnes unánimes de Rubén, y a los "resplandores del Crepúsculo" de cualquiera. Decía el gran Mingote, que "crepúsculo" y "ternura" eran voces abominables. En su "Manuscrito Carmesí", Antonio Gala repite la figura poética de "los crepúsculos anaranjados".  Y decía el genial Mingote. "Todo lo que sucede en el Manuscrito Carmesí de Antonio Gala  pasa en los crepúsculos anaranjados. ¿Por qué no escribe "Atardeceres", coño?

Porque nadie de los que he nombrado, ni recordado, ni admirado, tenía "expertitud".  Hay que apoyar el ingreso en la RAE de esta amable y endemoniada gamberra del idioma.  Se entiende que sea la vicepresidente primera de un Gobierno presidido por un individuo que necesita de cuatro personas para manejar un paraguas en un golpe de viento. El odio y las bragas culturales no están reñidos con el humor.

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