La boina

Decía Pepe Oneto, cuando aún existía en España la plena libertad de expresión, y disfrutábamos de una economía saludable, y se respetaba por la mayoría de los partidos políticos la Constitución, que los españoles trabajábamos y pagábamos nuestros excesivos impuestos con la mínima confianza, pero confianza al fin y al cabo, de que el dinero que entregábamos o nos obligaban a entregar al Tesoro Público, se utilizaba correctamente. Sanidad, Obras Públicas, Educación, y un poquito, lo mínimo, para Defensa e Interior. Pero que nos sentíamos amparados por la inmensa boina de un sistema democrático, en cuya planicie, en torno al pitorro, se habían establecido los hombres y mujeres que representaban a  los grandes poderes públicos y privados.

Hoy, los habitantes de la parte superior de la boina han cambiado. Son unos desalmados que pretenden capar el pitorro. No creen en la libertad, ni en el Estado de Derecho, ni en la Constitución, ni en la división y prevalencia de los tres poderes independientes que sostienen los sistemas democráticos. Creen en el derroche del dinero público, en el abuso del poder, en la destrucción de la armonía y la convivencia, en el resentimiento selectivo de una parte de la Historia, y para ello, se sostienen gracias a la ayuda inconmensurable e interesada de lo que antaño se denominaban medios de comunicación, impresos o audiovisuales, libres. Ya no son libres. Están encima de la boina. Ayudan a quienes desean encarcelar las ideas, los principios, la libertad y los valores de una sociedad plenamente democrática. Y lo hacen por dinero, porque así mantienen su cuenta de resultados positiva. Para ellos, el pitorro es una anécdota y han elegido la boina capada. Y me refiero a grandes medios que antaño respetaban la libertad de sus trabajadores y colaboradores, con un accionariado privado y sin miedo a defender sus verdades. Ignoran los responsables de aquellos medios que fueron libres que el primer pitorrazo, ya con el pitorro capado, se lo van a llevar ellos.

El comunismo agradece los servicios prestados, callando para siempre la boca de los serviciales. El gran guardián del pitorro, el inteligente centinela gélido que no enloquecido como el que aparentemente manda y gobierna, que no infectado de envidia y rencor como el podemita que no quiere dejar de mandar porque ha encontrado el filón de su porvenir, no es otro que el inquietante Iván Redondo, el que mueve los hilos, el que maneja a los muñecos del guiñol siniestro que ensaya sobre la boina. Está en todo.

A partir de ahora será el dueño y señor de la opinión en las redes sociales. A partir de ahora, será el dueño y señor de los hogares privados que se verán asaltados por Hacienda para buscar bienes o dineros no declarados escondidos bajo los colchones. Y lo harán, cuando ya no haya colchones. Será el dueño y señor de la educación de nuestros niños, y sustituirá a los padres, convirtiéndolos a todos en hijos del Papá Estado. Será dueño y señor de la Justicia. Ése que no me gusta, culpable. Ése que es amigo mío, inocente.

La boina tiene muy altas y envidiables atalayas de paisajes deplorables que quedan lejanos, amalgamados de tristeza y desesperacion, mientras en su planicie, se reparten los bienes y los gozos, los poderes y los favores, y  los garrotes para terminar con las libertades.

No es hoy un final de domingo optimista. Los de arriba de la boina, al mando real de Iván Redondo, están capando el pitorro de la libertad.

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